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La extensión territorial de la malaria y la pérdida de vidas humanas

De

Artículo principal: Morón, Auge y Caída del Paludismo en Venezuela

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Este artículo es uno de los capítulos del libro Morón, Auge y Caída del Paludismo en Venezuela, escrito por el Prof. Alexis Coello, cronista de Juan José Mora.

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A finales de la segunda década del siglo XX, Venezuela posee una población de 2.411.952 habitantes – según el primer censo oficial de la centuria – diseminados por todo el territorio nacional; casi las tres cuartas partes de su población(71,6 por ciento) se ocupaba de las labores del campo, su economía dependía esencialmente de las exportaciones de rubros agropecuarios con la preponderancia del café.

Arrastraba entonces Venezuela un despoblamiento acarreado por largos períodos de guerra, primero la de Independencia y después las intestinas, pero fuera de estos motivos, hay que añadir – en los tiempos de paz – las enfermedades o epidemias como causa de la disminución de la población que se desenvolvía en un ambiente insano, de atraso cultural y científico, a lo cual le servía como acicate el aislamiento del país del contexto internacional provocado por el régimen político imperante: “Todo en gran parte es resultado de ese largo aislamiento a que estuvo sometida Venezuela durante una dictadura que la concibió como una hacienda personal y, cercó para aislarla de los intrusos, que en este caso eran la técnica, la ciencia, la cultura: el siglo XX, la contemporaneidad” (Gottberg, 1987, 38).

La referencia anterior alude al gobierno de Juan Vicente Gómez, que si bien durante el mismo se produce en gran escala la explotación petrolera y la introducción significativa del capital extranjero no cambió la situación del medio rural ni las condiciones de vida de la población mayoritaria.

La exclusión y la persecución fueron características políticas del régimen gomecista y el desdén por la educación y la técnica entrababan el progreso a la vez que agravaba el estado del campo venezolano que era abatido por las epidemias, y entre ellas una mortal: la malaria o paludismo.

El paludismo se constituyó como el máximo obstáculo para el aprovechamiento y desarrollo de las tierras bajas, su incidencia mortal fue tanto que: “La sola epidemia de 1916 arrancó mayor número de víctimas que la influenza en1918. Figuraba entre las primeras causas de morbilidad y mortalidad, tanto así que se calculaba que cada 2 horas moría un venezolano a causa del paludismo” (Fundación Polar, 1987, 68).

Hasta 1936 con la creación de la División de Malariología, no se disponen estadísticas precisas sobre las defunciones por causa del paludismo. Las cifras obtenidas antes de esa fecha poseen un valor relativo y de aproximación, pero aún con la imprecisiones de las estadísticas, algunas con carácter parcial fueron publicadas en 1910 como cifras epidemiológicas oficiales donde se notó el creciente avance de este mal por toda la geografía venezolana, pero especialmente en las áreas de tierras planas, en los llanos y valles. Para la tercera década del siglo XX – ya caído el dictador Gómez – la salud de los venezolanos estaba seriamente amenazada; Gottberg sostiene:

Por  esos  años  Venezuela exhibe un área malárica de 600.00  Km.
cuadrados    de   superficie    sobre    914.000  Km.   cuadrados   de 
extensión  territorial,  tiene  el país tres millones de habitantes, un
millón  de  los  cuales enferma anualmente de malaria. De acuerdo
a  las  estadísticas  publicadas, se podría decir que cada dos  horas
moría un venezolano de paludismo (1987, 37).

La región de los llanos motivado a su topografía y clima presentaba índices vitales negativos como consecuencia de los estragos del paludismo. Pero en otra regiones del país la situación no era del todo diferente. López Ramírez apunta:

Los   Estados   Aragua,  Carabobo,  Yaracuy,  Barinas,  Portuguesa,
Cojedes,  Guarico, Anzoátegui  y Monagas  en algunos años vieron
Disminuir su población a causa  del  paludismo,  y  ciudades  como
San   Carlos,  Guanare,  Barinas,  Tinaco,  El   Baúl,  Ospino y Ortiz, 
que     habían     alcanzado    fama    por    su   riqueza,   se   vieron 
despoblados   y   abandonados.   En    aquellos   aciagos   tiempos, 
afirman    los   epidemiólogos,   el    número  anual    de  casos   de 
paludismo  debía   alcanzar   alrededor  de  un  millón,  es decir, la
tercera parte de la población nacional de entonces (1987; 32).

El paludismo estaba extendido por todo el país a excepción hecha de las áreas montañosas cuya altitud neutralizaba la existencia de la fauna anofelina. Igualmente en Guayana donde la malaria estaba restringida por la no convivencia de Anópheles Darlingi, el más extendido y poderoso vector del paludismo en Venezuela, con las aguas negras saturadas de acidez que impide el criadero del mencionado trasmisor.

En cuanto a los índice vitales, el mismo autor y en misma página, pone de relieve que:

De  1940  a 1945, año en  que se empezó  a utilizar   el  DDT  en  la
lucha   antimalárica,  se  observaron  63  índices  vitales  negativos
(un   número   mayor  de  muertes  que  el  de  nacimientos) en  los
Estados  de  Venezuela,  particularmente   aquellos  de  la  zona  de 
los     llanos.   De     estos    índices,    61    por    ciento    ocurrieron
en   entidades   con   una   tasa   de  mortalidad por malaria  mayor
de   500   por   100.000,   y  83  por  ciento  en  áreas  con tasas  de
mortalidad   por   malaria   por   encima   de  300  por  100.000.  En 
consecuencia,  no   debe   asombrarnos  que   antes   de   cada  dos
horas muriese un venezolano de infección malárica (ibidem).


En Venezuela la mortalidad en general era sumamente alta, diversas enfermedades catalizadas por un medio insalubre amilanaban su demografía. No es dable decir que la totalidad de las muertes eran debido al paludismo, pero si un alto porcentaje eran causadas por él.

En líneas anteriores se han suministrado datos estadísticos sobre la incidencia de la malaria en la mortalidad en Venezuela. Reduciendo el espacio de estudio o tomando como muestra a la región central (Aragua, Carabobo y Cojedes), por estar allí enmarcada la localidad de Morón, se manifiesta la misma tendencia mortífera del paludismo, quizás con mayor agudeza la población pagaba su tributo a la muerte, “En 1926 el censo arrojó sobre Maracay un promedio de once mil habitantes, y un registro de casi cuatrocientas defunciones; de éstas cincuenta por ciento las causó el paludismo” (Cordero Velásquez, 1997, 124).

La ciudad de Maracay y sus alrededores por encontrarse sobre zonas anegadizas preservaba altos índices malárico, tanto fue así que esta ciudad, a parte del favoritismo del General Gómez, se convirtió por su inestabilidad vital en el centro piloto para la lucha contra la malaria y la anquilostomiasis. En ella se realizaron las primeras investigaciones entomológicas y etiológicas de la malaria realizadas por científicos norteamericanos y venezolanos. Además en 1943 fue inaugurada allí la sede nacional de Malariología patrocinada por el doctor Gabaldón.

El estado Cojedes representa otro estado colapsado en la Venezuela con malaria, su población mermaba a grandes saltos sin la esperanza de poner freno a la muerte. Arcila Faria lo explica así:

Una    de    las   regiones    más  afectadas   por    la   presencia  del 
paludismo     en     los   años   anteriores   a   1936,   es   el   Estado
Cojedes,  donde   disminuye  la  población   de   85.678  habitantes 
en  1873   hasta   82.000  en  1926 y finalmente a 48.000 en el año
de  1936, San  Carlos,  la  capital  del Estado, desciende  de 12.000
habitantes  en  1926  hasta  3.000  en 1.936, El Baúl que se reduce
de  10.000  a  2.400  habitantes  entre 1873 y 1936. el Pao de  San
Juan  Bautista  sufre  una  disminución de 24.384 en 1873 a 6.700
en 1936” (citado por Yépez Colmenares, 1992, 69).

La malaria estaba por todos lados, llevando la muerte en las trompas de sus vectores.

En el estado Carabobo se registraron en 1904, 1.250 defunciones ocurridas en el año anterior por causa del paludismo y se estimó en más de diez mil los pacientes contagiados por el mismo flagelo. Los habitantes declaraban a los pantanos como enemigo público número uno y a la vez esperaban una acción providencial que los desanegara o drenara.

El doctor Rafael Guerra Méndez, en su geografía médica del Estado Carabobo apunta que:

Este es  el  principal  agente de mortalidad en el Estado  Carabobo,
más   de   ochocientas   víctimas   le   pagaron   tributo   en  el  año 
anterior  (1910):  Como  esta epidemia tiene sus exacerbaciones a
la entrada  y  salida  de la estación lluviosa (actualmente sufre sus
estragos  los  campos  vecinos) urge poner en práctica las medidas
necesarias   para   estorbar   su   obra  devastadora; (Guerra Méndez, 
1970, 259).

El mismo Guerra Méndez proporciona cifras de las defunciones por paludismo en reportes quincenales que le envía, como inspector general de higiene pública, al secretario general del Estado. Los reportes de las defunciones comprenden los años de 1909 y 1910. En uno de ellos, el del 15 de octubre de 1909, dice: “El paludismo continua produciendo estrago en nuestra población rural. La mortalidad en los niños fue bastante Numerosa, las víctimas del paludismo, veinte y tres en esta quincena, van acrecentándose de una manera sensible” (Pág. 282).

Las cifras quincenales del paludismo están alrededor de las 15 defunciones solamente en Valencia, sin tomar en cuenta a Puerto Cabello que es “pionera como zona endémica de la malaria y de otras enfermedades trasmitidas por artrópodos”. (Guerrero y Borges, 1998, 34). El número de nacimientos en Valencia son inferiores a las defunciones. El promedio de nacimientos en 15 días es de 36, mientras las defunciones tienen un promedio de 56 según los datos contenidos en el informe del doctor Guerra Méndez.

Este Artículo es Propiedad intelectual de Alexis Coello


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