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Bolívar y la Educación, Ponencia Bolivariana - Mayo 1997

De

INTRODUCCIÓN

En la sociedades primitivas la educación, espontánea e in­formal, fue un instrumento del hombre para vencer los obstáculos de la naturaleza. En los pueblos de la antigüedad la educación se­guía el rumbo que le marcaba los intereses del estado, de allí que los Asirios y Espartanos tuviesen como preocupación primordial la preparación del futuro guerrero, el acervo educativo estaba dirigi­do al oficio despótico de la crueldad y la violencia. Los romanos carecían de una concepción clara de la educación, a sus educandos se les anulaba ¡a voluntad desde e! principio. La educación de los niños se dejaba en manos de libertos y de instructores ignorantes. El fin educativo estaba limitado a producir charlatanes (oradores) y buenos catadores de vinos. En la edad media prevaleció la autori­dad de !a iglesia entrabando el libre pensamiento con los criterios ortodoxos de la religión. Con el renacimiento fluyeron las ideas y se desparramaron los conocimientos, pero en lo que se refiere a la educación, ésta no llegaba a las capas inferiores de la sociedad y menos aún a la niñez ni a la juventud, donde se mantenía un esque­ma rígido. Heno de formalismo y prejuicios. En el siglo XVIII Ja educación en boga se mantenía en estos parámetros: "Los niños estaban sometidos a una disciplina y no se les permitía vivir como niños. En la primera infancia se les vestía como adultos y se les imponía el comportamiento de los adultos".

Dentro de este contexto cultural surge la obra de EMILIO de! ginebrino Juan Jacobo Rousseau. En ella se combate las ideas anticuadas de la época, y específicamente, en el campo de la educa­ción del niño hace aportes revolucionarios estableciendo preceptos novedosos que van a contribuir a formar una nueva visión del he­cho educativo. Rousseau mantenía el criterio que el niño debía ser educado siguiendo las reglas de la naturaleza, debía ser educado completamente libre, fuera de la sociedad, alejado de las manipula­ciones cíe los maestros hasta los doce años. En esta etapa el niño sólo debía sufrir los rigores de la naluraleza, ejercitar su cuerpo y ser libre, es decir, ser feliz. Entre los doce y los quince años empe­zaba su instrucción y después de esta edad, en la última etapa, se !e da al niño una educación estrictamente moral y religiosa. Obvia­mente la teoría Rousseauniana adolece de ciertas fallas: niega el principio de autoridad, no establece premios ni castigo, pero, quizá lo más grave, es que discrimina la educación del sexo femenino cuando sólo concibe la educación de la mujer como un apéndice del hombre, excluye a ésta de las luces del saber, por ello afirma: "una mujer instruida es el azote de su marido, de sus hijos, de sus ami-go's, de sus criados, de todo el mundo". (2)Por otro lado Rousseau no da ninguna importancia a los padres en la labor educativa, no con­sidera apremiante para la educación del niño que sus padres forjen en sus primeros años su corazón y su carácter: "Así como la labor educadora de la madre se dirige principalmente al corazón y al sen­timiento, la del padre tiene como ñnalidad primordial la formación del carácter".

Rousseau niega este sabio principio. Cuando esta filósofo sostiene que el niño debe ser educado fuera de la sociedad, que solamente debe estar al lado de la naturaleza, también niega la posibilidad de formar buenos ciudadanos. El hombre debe prepa­rarse en la sociedad y para la sociedad y no al margen de ella, debe adquirir los instrumentos para defenderse en ella misma. Estas ideas de Rousseau sobre la educación llegaron al nuevo con­tinente en las bodegas de los viejos galeones españoles, en los li­bros que se introducían a hurtadillas, en un hombre aventurero y extravagante: Don Simón Rodríguez, maestro del futuro Liberta­dor.

FORMACIÓN DEL JOVEN Y DEL ESTADISTA

A lo largo de su breve vida el Libertador siempre mostró una sublime preocupación por la educación. ¿Qué noble influjo desper­tó en él su perenne apostolado por la instrucción propia y la de sus semejantes? Desde sus días de andariego y rebelde en los frescos campos que rodeaban a la vieja casona de San Jacinto, el niño Simón despuntaba como un infante inquieto, con una personalidad extro­vertida y acuciosa ante las situaciones que se le iban presentando a su alrededor. Su temprana orfandad lo indujo a cobijarse bajo el manto tibio del conocimiento de sus maestros. Ilustres personali­dades trataron de moldear, como alfareros, la tierna arcilla del ca­rácter y del intelecto del joven Simón. El primero en dejar sus hue­llas ei! el pequeño fue e! Lie. Migue! José Sanz, jurisconsulto nota­ble, que hubo de tratar con el ánimo indómito e incorregible del Bolívar de los aflos iniciales. Luego siguieron Don Andrés Bello con las enseñanzas de geografía y aritmética, el padre Andújar y el padre Negrete lo instruían en la gramática castellana. Don Guillermo Pelgrón le enseñó rudimentos de Latín y finalmente Don Simón Rodríguez, en quien debemos detenernos un poco más.

Fue este atrevido caraqueño que influyó más en la vida del Libertador, no solo en sus años mozos sino también después que Bolívar fuera una figura consagrada. Simón Rodríguez fue un sem­piterno viajero, en sus visitas a diferentes países de Europa se ha­bía empapado de las nuevas ideas y teorías que brotaban de los enciclopedistas franceses y de otros filósofos innovadores. Su con­tinuo peregrinar por el mundo ¡o hacía decir que no deseaba "pare­cerse a los árboles, que echan raíces en un lugar y no se mueven, sino al viento, al agua, al sol, a todo lo que marcha sin cesar". El ímpetu revolucionario de Simón Rodríguez lo lleva a participar en el movimiento independentista de Gual y España, abortado en el año de 1797. Quedando libre por falta de pruebas, se ve en la nece­sidad de abordar un nuevo vuelo de su alma viajera al viejo conti­nente.

Ks Simón Rodríguez quien logra persuadir el intelecto del joven Bolívar. "Don Simón pone en práctica entonces el método didáctico preconizado en su EMILIO por Rousseau. Prolonga las estancias en el campo y consigue desarrollar en Bolívar la maravi­llosa aptitud de los ejercicios físicos, que le llevarían a ser el nada­dor incansable, el notable jinete y el intrépido caminador con quien más tarde, nunca pudieron competir sus compañeros de armas".

Cumplida la primera etapa de la educación de Bolívar, su maestro Rodríguez lo conduce, a los 13 años, por la afición a la lectura. Desfilan por las manos de Bolívar textos portadores de las nuevas ideas: los enciclopedistas que originaron la revolución fran­cesa, pero sobre todo el EMILIO de Rousseau. En síntesis le enseñó primero la observancia de la naturaleza y a ejercitar su cuerpo y luego le lleva al campo de la comprensión. Con facilidad salían de Sos labios de Bolívar la declaración de los DERECHOS DEL HOMBRE.

Años más tarde, en 1825, Bolívar le escribía ai General Santander lo siguiente: "No es cierto que mi educación fue muy descuidada, puesto que mi madre y mis tutores hicieron cuanto era posible porque yo aprendiese y me buscaron maestros de primer orden en su país... todo esto lo digo muy confidencialmente para que no se crea que su pobre presidente ha recibido tan mala educa­ción, y no ha dejado de ser educado como un niño de distinción puede serlo en América bajo el régimen español". A sus catorce años se alista como cadete en las milicias aragüeñas, a los quince es ascendido a subteniente, sin embargo, no deja las lecciones de Don Andrés Bello y sus coloquios sobre literatura e historia. Su tío Don Carlos Palacios decide enviarlo a Madrid a la residencia de su hermano Esteban para que comple­mentara sus estudios. Luego Bolívar se muda a la casa del Marqués de Ustáriz donde bajo la égida de éste, inicia fructíferas lecturas tanto en el campo literario como científico, robusteciendo así su formación intelectual. Tal episodio de su vida se lo comunica a Santander en la correspondencia de 1825: "Me mandaron a Madrid a continuar mis matemáticas a la academia de San Fernando y apren­día los idiomas extranjeros con maestros selectos de Madrid, todo bajo la dirección del sabio Marqués de Ustáriz en cuya casa vivía".

En su segundo viaje a Europa, después del fallecimiento de su esposa, Bolívar se adentra en las lecturas de Plutarco. Montesquieu, Voltaire (sé dice que este autor era uno de sus prefe­ridos). Rousseau, Cervantes. Repasa el EMILIO y EL CONTRATO SOCIAL. En París conoce a Humboldt, a Talleyrand y demás ilus­tres de la aristocracia europea.

En materia educativa, ¿fue determinante para Bolívar las ideas de Rousseau? ¿fue un simple repetidor? ¿o fue agregando a las ideas originales su propia concepción de la educación? En rela­ción con la primera interrogante, creemos en el juicio que hace el maestro Prieto Figueroa en su libro El Magisterio Americano de Bolívar, publicado en 1968, donde sostiene que el pensamiento bolivanano en el aspecto educativo tuvo mayor influencia de los enciclopedistas., con Diderot a la cabeza y teorizantes de la educa­ción como La Charlotais que el propio Rousseau. Sin embargo es inocultable la influencia indirecta de Rousseau a través de Simón Rodríguez, pero éste le imprimió su sello personal al alma de Bolí­var. En carta a su maestro, Bolívar le decía lo siguiente: "Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso". El historiador Mancine dice: "El único hombre entre los que rodearon al Libertador que ejerciera influencia sobre su espíritu" fue Rodríguez, quien aplicó el método de EMILIO al joven Bolívar.

El Libertador no siguió al pie de la letra las ideas de Rousseaunianas de la educación, es más, contradijo con sus deci­siones como gobernante varios preceptos establecidos por el filóso­fo ginebrino en su EMILIO. Veamos: el 1 de mayo de 1825 en Arequipa, Bolívar y sus tropas es objeto de un homenaje por parte de las mujeres educandas del colegio local. El Libertador después de agradecer el gesto y hacer su proclama, resuelve, dos meses des­pués, decretar en El Cuzco un colegio para niñas basado en "que la educación de las niñas es la base de la educación de las familias" ¿No contraviene este decreto la teoría oscurantista de Rousseau sobre la educación de las mujeres?

Igualmente en Chuquisaca el Libertador decreta un plan para recoger los niños pobres, de ambos sexos, en casas acomodadas y aseadas. Referente a la educación de las hembras decía: "las hem­bras aprenderían los oficios propios de su sexo, considerando sus fuerzas".

En 1819, en un apéndice de la constitución de Angostura, Bolívar, al igual que Rousseau, considera que la educación va des­de el nacimiento hasta la muerte, pero difiere de éste en que el hogar es primordial en la educación de los niños. Asegura que el papel de los padres es fundamental en la primera etapa de la educa­ción (recuerden que Rousseau no le daba importancia a los padres en el proceso educativo) y sostiene que "siendo absolutamente in­dispensable la cooperación de las madres para la educación de los niños en los primeros años, y siendo éstos los más preciosos para infundirles las primeras ideas y los más expuestos por la delicade­za de sus órganos, la Cámara cuidará muy particularmente de pu­blicar y hacer c.omunes y vulgares en toda la república algunas ins­trucciones breves y sencillas acomodadas a la inteligencia de todas las madres de familia sobre uno y otro objeto". Hubo otras decisio­nes de Bolívar, como gobernante, donde realza la participación de los padres en el proceso de enseñanza. Podrían ser estas ideas el germen o asideros de las comunidades educativas actuales.

Una vez que el Libertador ejerce el máximo cargo de la Gran Colombia muestra el perfil de la educación que debe fomentar el estado. Combatir a toda costa la ignorancia por ser un instrumento de dominación y de autodestrucción: "La esclavitud es hija de las tinieblas, un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción". Es decir, debía educarse para la libertad, para crear ciudadanos honestos, virtuosos, moralmente probos y religiosamente sólidos. En sus ejecutorias como gobernante sembró de escuelas primarias el extenso territorio de la nueva república y ordenó a las instancias respectivas del gobierno recabar, ahorrar y trasladar fon­dos para el fínanciamiento de la educación.

En 1829 decretó en Colombia la instrucción primaria obli­gatoria. Como gobernante aprobó el método combinado de Bell y Lancaster, este último recibió del Libertador todo el apoyo para crear varias escuelas mutualistas en Venezuela. Pero Bolívar no solo defendió la educación primaria sino que también fue un dilec­to amigo de la universidad. En la universidad central de Caracas reforma los estatutos, lo que posibilitó que se incluyeran en el plan de estudio nuevas cátedras y a la vez facultó que por primera ve/ un médico ocupase el rectorado: el Dr. José María Vargas.

En otras universidades también dejó sus huellas el Liberta­dor: La Universidad de Quito, la Universidad Gran Padre de San Agustín de Arequipa, la Universidad de Colombia reformada me­diante el decreto de Popayán. En sus últimos años Bolívar adoptó frente a la educación una posición más moderada y hasta conserva­dora. El decreto de la prohibición de la doctrina materialista de Jeremías Bentham, que al principio había sido admitida por él y después erradicada de Colombia por el decreto 1828 apuntan en este sentido. Algunos historiadores señalan que esta concepción conservadora la asume después del atentado contra su vida en sep­tiembre de 1828. En estos años revoca las cátedras universitarias de "legislación universal, de derecho político, de constitución y cien­cias administrativas sustituyéndolas con una de fundamentos y apo­logía de la religión católica romana y de su historia, y prohibe las logias masónicas". Bolívar que siempre fue un progresista, un hom­bre de avanzada, ahora se encierra en lo estrictamente moral y reli­gioso. ¿Se había convertido el Libertador en un oscurantista y re­trógrado? No. "Era que ya en Bolívar hablaban los muertos, los familiares del Santo Oficio de los tiempos de la colonia, los caba­lleros semi-monjes de la edad media".

SÍNTESIS PEDAGÓGICA DEL LIBERTADOR

Los principios pedagógicos del Libertador están vertidos en sus es­critos sobre "El método a seguir para la educación de mi sobrino Fernando Bolívar", "La Cámara de la Educación" y "La Instruc­ción Pública". Se hará un esfuerzo para resumirlos en tan pocas líneas: La educación del niño debía tener su basamento inicial en los padres, quienes a la vez debían tener un mínimo de preparación para conducir a sus hijos con afecto y ternura. Quedan excluidos los castigos corporales, y se deben aplicar castigos morales. Se pre­fiere la educación pública más que la privada, pues, en la primera el niño es más proclive al roce con sus semejantes de distintos ge­nios. Se debe tener extremo cuidado en el aseo personal y que en los primeros años se le enseñe el lenguaje correctamente, que se les enseñe a pronunciar, a leer un manuscrito y a escribir con las re­glas de la gramática castellana y a la vez se deben dominar las reglas elementales de la aritmética. ¿Acaso no es aquí donde radica la falla fundamental de la educación venezolana? Esto demuestra la vigencia del pensamiento Bolivariano en la educación.

Debe completarse la educación de los niños con el conoci­miento de sus deberes y derechos, de formar buenos ciudadanos, de ideas y sentimientos de honor, de amor a su patria y de respeto a las leyes, al trabajo, a los padres, a los ancianos. Los niños que posean memoria desarrollada deberá enseñársele razonamiento y compren­sión (ecuaciqnes y problemas) y los que sean fallos de retentiva se tes enseñará a memorizar poesías para fortalecer sus memorias.

Señala la importancia de las matemáticas pero deben admi­nistrarse gradualmente según las diferencias individuales. Respec­to a la enseñanza de la historia sostiene que debe ser acometida iniciándose por la contemporánea e ir regresivamente hasta llegar a los orígenes de las civilizaciones. En el tiempo presente y en el futuro esta idea original del Libertador podría dar un resultado po­sitivo para hacer más efectivo el aprendizaje de nuestra historia en las escuelas venezolanas. Sobre la geografía y la cosmografía de­ben ser las primeras asignaturas que se le enseñen al joven. Bolívar también abogó por una educación técnica y científica, consideraba necesario el estudio de la estadística en los nuevos tiempos, los oficios mecánicos en tanto que haya vocación deberán ser suminis­trados. Lo que Bolívar veía en aquel entonces, todavía lo estamos viviendo hoy en día: "siendo muy difícil apreciar donde termina el arte y principia la ciencia (se refiere a la educación de su sobrino) si su inclinación lo decide a aprender algún arte u oficio, yo lo celebraría, pues ABUNDA ENTRE NOSOTROS MÉDICOS Y ABOGADOS, PERO NOS FALTAN BUENOS MECÁNICOS Y AGRICULTORES, QUE SON LOS QUE NECESITA EL PAÍS PARA ADELANTAR EN PROSPERIDAD Y BIENESTAR". El ayer parece hoy. • Por último vamos a transcribir un párrafo de evidente actua­lidad y que atañe a nuestra educación media: "Debemos reconocer que nuestro sistema de enseñanza está muy por debajo del esbozado por el Libertador. En general, en nuestros países americanos, nues- tra educación secundaria está atiborrada de enciclopedismo, es un instrumento demasiado intelectual!sta e ineficaz para las urgencias v necesidades cotidianas. NUESTRA ENSEÑANZA MEDIA NO SUMINISTRA A LOS JÓVENES ARMAS PARA DEFENDERSE EN LA VIDA, SU ÚNICA FINALIDAD ES CONSTRUIR UN PUENTE PARA LAS AULAS UNIVERSITARIAS. En esta época nuestra, mucho más que en la que le tocó vivir a nuestro héroe, época práctica y concreta, es menester dar a nuestro bachillerato una orientación más realista. Nuestros bachilleres son antes detenidos en la mitad de su camino. Cuando, por razones de diversa índole, no logran coronar una carrera, se tienen que contentar con una escuela de primeras letras, oficio para el cual no están prepara­dos y en el cual su rendimiento es muy exiguo, cuando no perjudi­cial. Si siguiéramos el pensamiento boüvariano, y a la enseñanza teórica se añadiera la enseñanza de un arte u oficio de utilidad práctica, en el espacio de pocos años tendríamos una masa media instruida y eficiente en los diversos ramos de la actividad social y humana. ACABARÍAMOS CON EL COMPLEJO QUE CREA EL TITULO DE BACHILLER. Acabaríamos un poco con esa funesta fábrica de malos profesionales, y dotaríamos a la sociedad de fuer­zas vivas y creadoras. Un país joven, lleno de grandes posibilida­des como el nuestro, necesita instrumentos creadores de riqueza, necesita agricultores, técnicos que pongan fin de una vez por todas a esta etapa estéril del empirismo. Necesitamos gente práctica, con audacia de conquistadores".

RESUMEN DE LA PONENCIA

En verdad resulta una tarea bastante difícil precisar el pen­samiento del Libertador en las estrechas páginas de esta ponencia en cuanto al aspecto educativo se refiere. Sin embargo, hemos tra­tado de esbozar cubriendo lo mayor posible las diferentes facetas de su rico y variado pensamiento en el campo educativo. Bolívar, no sólo en ese aspecto, sino que en todo lo que tuvo que ver con su amplia visión de la vida fue paulatinamente evolucionando, adap­tándose a los tiempos que corrían y es más visionando como un clarividente el futuro. Es por ello que el pensamiento bolivariano respecto a la educación (y en otro tópicos también) hoy tiene más vigencia que nunca.

En esta ponencia se hizo un bosquejo de las doctrinas cultu­rales, y en especial a lo que refiere a la educación, del siglo XVIII valorando la influencia que este contexto tuvo las ideas del filósofo Juan Jacobo Rousseau que abrieron un camino por donde luego tran­sitaron importantes hombres de la época. Esta influencia no se quedó en la vieja Europa sino que viajó a la América española y salpicó a hombres como Don Simón Rodríguez y al propio Bolívar.

Igualmente se dedican algunas líneas al método de EMILIO utilizado por Rodríguez para moldear el espíritu del futuro Liberta­dor. Se sigue con la formación intelectual de Bolívar, su analogía con Rousseau y su concepción propia de la educación. Más adelan­te se destacan sus ejecutorias como gobernante en pro de la educa­ción, donde resalta su indeclinable vocación de darle ilustración a los pueblos que su espada había liberado. Por último, nos detene­mos en el Bolívar de los años finales de su existencia, cansado, al borde de la muerte se rodea de los clérigos y se convierte en voces de un mundo del más allá, era el Bolívar que expiraba porque ya se alejaba de entre los vivos, hasta para morir tuvo visión.

Al final de esta ponencia se hace referencia muy sucinta so­bre los criterios pedagógicos del Libertador, encontrándonos que en muchos puntos se podría conseguir la ruta para una educación mejor para nuestro pueblo.

BIBLIOGRAFÍA

Cova J.A. EL SUPER HOMBRE. Tomo I y II. Colección Bohemia. Caracas.

García Pablo Emilio. CÁTEDRA BOLIVARIANA. Editorial Romor, C.A 143 pp.

Rojas Armando. IDEAS EDUCATIVAS DE SIMÓN BOLÍVAR. Plaza & Janes, S.A. Editores. España, 1972. 188 pp.

Rojas Jesús-Enrique. MISCELÁNEAS VENEZOLANAS.

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Este Artículo es Propiedad intelectual de Alexis Coello


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