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Antonio Paredes

De

Nació en Valencia el 17 de mayo de 1869, hijo del matrimonio del general Manuel Antonio Paredes con doña Amelia Domínguez. Es uno de los venezolanos más relevantes y más olvidados de la historia de fines del siglo XIX y primera década del XX. Creció entre cuentos y hazañas de guerreros, gozaba de una amplia tradición familiar de armas y milicias. Su tía abuelo Juan Antonio Paredes, alcalde de Mérida, fue uno de los primeros que proclamaron la Independencia en aquella ciudad en 1810. Su padre peleó al lado de Joaquín Crespo. Su abuelo José de la Cruz paredes luchó en la Independencia bajo las órdenes de Sucre y de Bolívar, y acompañó a éste en sus minutos finales en Santa Marta. Refiriéndose a este ilustre abuelo, nuestro personaje dijo, cuando niño: "Yo llevaré su espada cuando vaya a la guerra".

El general Antonio Paredes fue un hombre muy controversial, valiente, audaz, incansable, adversario que ni pide ni da tregua, franco, orgulloso y honesto. Se inicia como militar defendiendo la "Revolución Legalista" de Joaquín Crespo, para luego enfrentarlo decididamente cuando el caudillo guariqueño prefiere al general José Félix Mora por encima de él en algunos episodios de la política carabobeña. Con el general Mora mantuvo una abierta enemistad desde los días cuando él era jefe del castillo de Puerto Cabello y Mora jefe civil y militar de la plaza.

Los sucesos de la supuesta venta del cañón de Pavía y los enredos de un bochinche callejero en los predios del castillo, donde el general Mora, en ambos casos culpaba a Paredes, sirvieron de acicate. Luego se enfrentarían de nuevo cuando Mora es candidato a la presidencia del estado Carabobo y Paredes lo adversa apoyando la candidatura de Joaquín Berríos. Paredes diría de Mora: "El más pérfido de mis enemigos ", "no me ocuparía de él (Mora)y sus calumnias si no hubiera tenido la osadía de venir a proclamar su condición de favorito de Crespo para la presidencia del estado ", "dos veces me ha calumniado inicuamente".

Pero la verdadera oposición cruenta y hasta la muerte se la hizo al presidente Cipriano Castro. Con las armas en las manos, escribiendo en los periódicos, en panfletos, en las calles, hablando con la gente. Después diría: "A ninguno convencí con mis prédicas".

Su incansable lucha contra Castro y lo infructuoso de sus esfuerzos lo llevaron a escribir en su exilio en Trinidad el "Diálogo de ultratumba con dos generales" (se refiere a su padre y a su abuelo); escribe paredes: "Cinco años lleva Castro en el Poder. Cinco años lleva Antonio Paredes en la oposición. Oposición que le ha costado guerra, cárcel y destierro ". De pronto interrumpe su relato y se pregunta: "¿Estaré loco? ¿Todas mis campañas son inútiles? ¿Continuará Cipriano Castro en el poder? ¿Y entonces voy a quedar en ridículo? ¿La gente seria dirá que y o he debido haberme quedado callado y dejado que Castro hiciera su voluntad, y se reirán de mí? ¿Crees, padre, que llegaré a ser objeto de la burla de los muchachos?". El padre ha debido responderle, pues Paredes replica: "Es verdad, padre, los hombres como yo nunca quedamos en ridículo, pues en todo caso nos queda el camino de la muerte".

Sus ansias de lucha y ganas de vencer, la impotencia, lo llevan hasta el delirio; exclama: "Yo correré a Venezuela armado con una espada, con un fusil, con una lanza. No tengo con qué comprarlos, pero me los regalarán, y si no hay quien me regale nada, iré armado con una pica de madera que fabricaré yo mismo con la madera de los bosques de Dios, y si no hay buque que me lleve de balde, me iré a nado con la pica en la boca, cruzaré el mar a nado para estar con mis compatriotas en ese día de la grandeza y de la dignidad".

Paredes se ve obligado a abandonar Trinidad después que le decomisaron un lote de armas con las que pretendía invadir Venezuela. ¿A dónde ir? Decidió venir a Venezuela, a sabiendas de que le esperaba la muerte. Sale de Trinidad el 4 de febrero de 1907 con 13 acompañantes. Desembarca en Pedernales y ocupa varios caseríos. Busca el camino de Ciudad Bolívar. El gobierno se da cuenta de la invasión de Paredes y sale en su búsqueda. Paredes es capturado el 12 de febrero; amarrado con mecate es llevado ante el jefe del gobierno local; cuando está frente al funcionario, le grita: "Máteme, pero no ve vaya a vejar". No lo mataban aún.

Le dieron de comer y botó unas guayabas que llevaba en los bolsillos. El presidente Cipriano Castro dio, mediante un telegrama en clave, la orden para el fusilamiento de Paredes. En el amanecer del 15 de febrero es sacado de los camarotes del vapor donde lo llevaban y le dice uno de los verdugos: "Levántese, que lo vamos a conducirá otro barco". Paredes se sonrió y dijo: "Es para matarme, sabía que jugaba la vida al poner los pies en Venezuela. Vamos". Fueron sus últimas palabras. Al salir del camarote, es destrozada su cabeza a tiros.

Como lo prometió a su padre, ya no se burlarían de él. Su cadáver fue echado a las aguas del Orinoco. Castro es acusado y se le dicta auto de detención por este crimen, sentencia que no se cumplió porque para la fecha ya el Cabito estaba en el exterior. El cadáver de Paredes es rescatado y trasladado a Caracas con honores. Fue sepultado con actos y homenajes oficiales. Su sueño se cumplió a medias: lo recibieron con honores y lo aclamaron en Caracas, pero no entró triunfante, sino muerto.

Fuente de este artículo

Libro Crónicas desde Morón

Este artículo es uno de los capítulos del Libro Crónicas desde Morón, escrito por el Prof. Alexis Coello, cronista del Municipio Juan José Mora.

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