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Antecedentes del paludismo en Venezuela

De

El termino malaria es de uso relativamente reciente en nuestro país aunque no así es la presencia de la epidemia que se remonta a unos cuantos siglos atrás, en la época colonial. La palabra malaria – de origen latino – significa en italiano “mal aire o “aire malo” porque se creía entonces que la enfermedad se originaba de las emanaciones gaseosas provenientes de los pantanos “y sirvió para designar a la muerte en las tierras vecinas a los pantanos, en las llanuras anegadizas de Italia” (Gottberg, 1987, 20). Este mal se había constituido en el peor azote de este país desde la antigüedad. La palabra palude – homónima de malaria – significa en el mismo idioma pantano debido a la referencia que ya se ha hecho. El paludismo es de inmemorable existencia, “Una de las más antiguas del viejo continente, mencionada en la Iliada y descrita minuciosamente sus formas clínicas por Hipócrates cinco siglos A C” (López Ramírez, 1987, 23).

Su permanencia entre los hombres ha sido infinita, plegada a sus calamidades y conduciéndoles irremediablemente hacia la muerte:

...Dolencia   de   todos   los  siglos que ha escrito las  páginas  más 
negras  de  la  humanidad  en  los anales de su  historia; y  sí  bien
es    verdad   que  en   la  edad   antigua   castigaba   a   su   antojo 
insaciable   vastas   comarcas;  también   lo   es   que  en   la  edad 
mediana   despobló   ciudades  enteras, como  en  Italia, y sepultó
ejércitos   innumerables,   bien   así  como   en   la   moderna   hizo 
infinitos   estragos  durante    la   Gran  Guerra,  convertida   en  la
segunda de  las mortíferas  plagas  que han  azotado  al  mundo. Y
así  continua  su  marcha  siniestra  por  mucho tiempo el espectro
del paludismo (López Rondón, 1933, 43). 


Ambos términos, malaria o paludismo se popularizaron y trascendieron a las fronteras de Italia a finales del siglo XIX y principios del XX con los estudios de Ronald Ross en la India, de Giovanni Batista Grassi en Italia y de Sir Rickard Christophers, cuyas investigaciones sobre los anofelinos en África Occidental y en la India, sentaron las bases científicas para el conocimiento y tratamiento de la mortal enfermedad. No hay que olvidar que ya en 1880; el francés Alfonso Laveran (1845 – 1922) había descubierto el parásito del paludismo en la sangre humana por lo que se le denominó a este plasmodium el “Hematozoario de Laveran”, más no descubrió Laveran el agente trasmisor, hecho que posteriormente fue realizado por Ross (1897) y especialmente por Grassi en 1899, que identificó al Anópheles como el responsable de la trasmisión.

En Venezuela, mucho antes, en 1854, Luis Daniel Beauperthuy, médico de origen francés, publicó en la Gaceta de Cumaná que los mosquitos eran los vectores trasmisores de la fiebre amarilla y probablemente de la malaria. Este juicio de Beauperthuy no fue muy valorado y divulgado para la época.

No es descartable que la enfermedad existiese desde tiempos remotos en el país conjuntamente con la viruela, la peste, etc., pero el desconocimiento de la naturaleza de la misma pudo incluirla en cualquier concepto o término genérico como “calenturas”, “fiebre atáxica”, “fiebre biliosa”, “fiebre pajiza”, “fiebre amarilla” o “fiebre del vómito negro”.

En general, las epidemias en Venezuela se incrementaron cuantitativamente y cualitativamente con la llegada de los expedicionarios españoles a principios del siglo XVI y también con la entrada de los contingentes de negros esclavos a partir de 1528.

Las enfermedades propias del lugar de origen de los diferentes grupos étnicos, es decir de las regiones de Europa, África y América se combinaron o se adicionaron otras para conformar un cuadro epidemiológico de nuevo rango.

Con los europeos llegaron la tuberculosis, la peste, la lepra, fiebre tifoidea, la tosferina, el sarampión, etc., además llegaron nuevos vectores – embarcados de polizones – como las ratas, diversos artrópodos entre los cuales pudieron llegar los Anópheles.

De herencia africana es la fiebre amarilla, la bilharziasis, la anquilostomiasis “y probablemente la malaria, aunque algunos sostienen que esta enfermedad existió ya en el continente americano en las épocas anteriores al descubrimiento” (Fundación Polar, 1988, 67), otra hipótesis sostiene que el europeo y el africano trajeron el plasmodium en sus sangres y en América consiguieron los Anópheles apropiados para el desarrollo del mal. Algunos afirman que el paludismo ya existía en la población aborigen, es decir, que el paludismo estaba ya antes de la llegada del blanco y del africano.

El doctor Ricardo Archila (1956), historiador de la medicina, le da al paludismo un carácter endógeno preexistente al período hispano. En cambio el doctor Arnoldo Gabaldón (1965), argumenta que la epidemia vino con los conquistadores porque ella ya existía en el sur de España y Portugal en forma endémica antes del descubrimiento; arguye también que en 1514 llegaron a las Antillas Africanos ya contagiados de sus zonas de origen y que ellos conjuntamente con los europeos, se encargaron de infectar a los anofelinos locales que aunque se alimentaban de la sangre del indio no llegaban a enfermarlo. Y finalmente Gabaldón (1965), sostiene que si el hombre americano procede del Asia y llegando por el estrecho de Bering no pudieron estar infectados porque la zona termométrica impediría el desarrollo del parásito malárico en su etapa esporogénica.

que va a enmarcar las perspectivas sanitarias de estas nuevas tierras.

Venezuela ha sido azotada por innumerables epidemias de distintas índoles, en donde a veces es difícil y confuso precisar su naturaleza por la carencia de información y de un diagnóstico confiable debido al escaso conocimiento especializado. Algunas son más fáciles de detectar por lo evidente de los síntomas o manifestaciones externas. La viruela es una de las epidemias que ha hecho estrago en la población venezolana. Según el diccionario polar, en el siglo XVI se produjeron cuatro grandes epidemias que mermaron la población, “en el siglo XVII se contaron 13, de las cuales la más seria fue la de 1623: originada en un desembarco clandestino de negros esclavos en la costa de Morón, invadió a los valles de Aragua, la Guaira y Caracas” (1988, 68) .

La fiebre amarilla fue otra epidemia muy común en Venezuela durante los siglos XVII, XVIII y XIX, golpeó incesantemente a la población civil, como a los ejércitos de los españoles y patriotas.

El paludismo fue la tercera epidemia, obstaculizó los objetivos de los conquistadores españoles y arrasó con algunos incipientes poblados, tal como lo refiere el diccionario de historia de Venezuela:

El paludismo llegó a convertirse en una de las peores trabas que se opusieron al ímpetu de los conquistadores y colonizadores. Para 1675, las “calenturas” habían provocado el abandono de varios pueblos poco tiempo después de ser fundados en las misiones de los Llanos de Casanare y en las cercanías de los ríos Orinoco y Meta. Dramático también fue el caso de la expedición de José Solano y Bote por el Orinoco: en 1756, perdió la mayor parte de sus integrantes y en 1759, estando en San Fernando de Atabapo; murieron 325 personas. A penas se salvaron el propio Solano y 12 personas más (1988, 68).

“Las calenturas” es un término que con mucha frecuencia se encuentra en las crónicas, relatos y en la historiografía hasta el siglo XIX. “Las calenturas” aludían a cualquier estado febril sin reparar en su origen, tal vez por la misma ignorancia de la afección era más conveniente calificarla por su síntoma más palpable como es la subida de la temperatura corporal o por la visibilidad de los escalofríos de las personas, también era muy común confundir la fiebre amarilla con el paludismo. Tanto era así que algunas veces era indiferente o poco importaba conocer si se trataba de una o de la otra enfermedad, a fin de cuenta se consideraba el mismo mal. Si en tiempos recientes fue difícil saber diferenciar ambos males, es razonable que en épocas más lejanas sería más cuesta arriba, sólo cuando el enfermo expulsaba el “vómito negro” se tenía la certeza de que padecía de fiebre amarilla. El doctor Fabián de Jesús Díaz, con un testimonio contemporáneo, ilustra la semejanza de las dos enfermedades: “En tercer lugar citaremos el paludismo, en especial el de forma perniciosa, producido por el Plasmodium Falciparum, de muy elevada mortalidad, y de muy difícil diferenciación clínica de la fiebre amarilla” (1980, 49).

Es por ello que se indagará en las notas sobre la fiebre amarilla y el vómito negro posibles situaciones de presencia palúdica. En un trabajo de Mike Aguiar Fagúndez (2001) denominado “El desarrollo de una epidemia: la fiebre amarilla en los Puertos de la Guaira y Puerto Cabello (1798 – 1802)” publicado en la revista “Mañongo” de la Universidad de Carabobo, el autor hace un análisis de los contagios y decesos por causa de la fiebre amarilla o vómito negro en los lugares mencionados, tomando como documentación los informes oficiales y las partes médicas de los escasos profesionales de entonces; hace mención a la fuente de contagio que según la información que maneja proviene de las tripulaciones infectadas de barcos franceses y españoles que habían atracado en los puertos y se convirtieron en focos de contaminación hacia los pobladores cercanos.

Aguiar Fagúndez no da mayores detalles sobre la enfermedad, sólo hace relación a las citas del viajero alemán Alejandro Von Humboldt en su obra “viaje a las regiones equinocciales del nuevo mundo” y expresa el siguiente criterio:

Se   puede   observar  que  en  ningún   momento  Humboldt   hace 
mención  del  verdadero  origen  de la fiebre amarilla. Es oportuno
aclarar   que  el  ilustre  visitante   no   era  médico,  su   condición 
naturalista – botánico,  mostraba   en   particular  su interés hacia
la  física,  la  botánica y  la naturaleza. Apenas en el  campo  de  la
medicina  occidental  estos  paradigmas que explicaban  el  origen
de   las  enfermedades  sobre  la  base  de  las  teorías  humoral  y
miasmática   prevalecieron   hasta  finales  del   siglo   XIX  (2001;
123 – 124). 

Lógicamente, ni Humboldt ni otros viajeros de comienzos del siglo XIX podían tener conocimiento de este mal que no fue sino hasta finales de ese mismo siglo que se llevaron a cabo los primeros estudios científicos sobre la fiebre amarilla y la malaria.

Continua Aguiar Fagúndez diciendo:

Para   la   época  de   la   visita  del   viajero   alemán,  no  se  tenía 
conocimiento  de  cual  era la causa principal de la fiebre amarilla, 
se  desconocía   al  mosquito  como  vector   y  que  su  hábitat  de
reproducción  eran  los depósitos de aguas estancadas, las  cuales
contenían   las  larvas  del  zancudo   o   mosquito  posteriormente
identificado como el Aedes Aegyptil  (2001, 123 – 124).
Artículo principal: Morón, Auge y Caída del Paludismo en Venezuela

Fuente de este artículo

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Este artículo es uno de los capítulos del libro Morón, Auge y Caída del Paludismo en Venezuela, escrito por el Prof. Alexis Coello, cronista de Juan José Mora.

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